Cuando quieras corregirlo: Míralo a los ojos
José estaba de pie frente a su hijo de 10 años, lo miraba de arriba hacia abajo, y su hijo lo miraba de abajo hacia arriba. José le estaba llamando la atención porque le dijo a su hijo que arreglara su dormitorio y su hijo sólo guardó sus juguetes en sus cajones de la cómoda y no tendió su cama y justificaba su actitud diciendo “eso no me dijiste”.
Si bien es cierto que nuestra tarea de padres es educar a nuestros hijos y ser de alguna manera autoridad en ello para que puedan obedecer y hacer las cosas que les corresponden, debemos de tener cuidado la manera en que nos comunicamos y lo que comunicamos.
Primero, ¿es lo mismo decirle a un niño de 10 años “arregla tu cuarto” en vez de decirle “quiero que arregles tu cuarto guardando tus juguetes y tendiendo tu cama”? ¿qué es lo que él puede entender? Tomemos en cuenta que le estamos hablando a un niño de 10 años con quién uno debe de ser lo más específico posible para que cumpla la tarea encomendada. Incluso en ocasiones los propios adultos necesitamos que en el trabajo sean lo más específicos posibles con aquellas tareas que nos encomiendan, y si pasa con nosotros que somos adultos, ¿Por qué somos tan exigentes con nuestros hijos? ¿Porqué pretendemos que nuestros hijos sean capaces de entender un mensaje que a veces nosotros mismos no entendemos y nos confundimos? En encima de ello les llamamos la atención.
Este es otro punto motivo de este artículo, la manera en que le llamamos la atención a nuestros hijos. La mayoría de las veces repetimos el mismo comportamiento de nuestros padres, el mismo patrón de conducta. Creemos que aquello que supuestamente funcionó con nosotros va a funcionar también con nuestros hijos, pero ¿cuáles han sido las verdaderas consecuencias de ello en nuestras vidas ahora que somos adultos? ¿Han sido buenas?
Desde el momento que nos paramos al frente de nuestro hijo la diferencia de tamaño es evidente, sumando la fuerza de nuestra voz, la actitud a veces violenta en que en esos momentos pretendemos comunicarnos con nuestro hijo, ¿lograremos algo bueno de ello? Sólo lograremos una exagerada demostración de poder frente a un niño… ¿te parece justo eso? ¿fue así como aprendiste? ¿te gustó eso? ¿te ayuda a construir mejores relaciones con tus hijos?
No tenemos por qué repetir la misma historia con nuestros hijos. Si queremos hijos emocionalmente sanos, debemos de buscar comunicarnos con respeto sin dañar su autoestima que luego en el futuro perjudique la manera que se puedan relacionar con los demás.
Es así, que la propuesta que les queremos plantear en este artículo es la siguiente: si tu hijo no cumplió una tarea encomendada o tuvo un mal comportamiento que amerita corrección de parte de ustedes como padres, lo primero que uno debe de hacer es ponerse a su misma altura, y con esto no me refiero a que te pongas en plan de niño, sino que te sientes en un sofá o una silla y estando tu hijo parado, ambos estén a la misma altura, así podrás hablarle frente a frente, de igual a igual, ambos podrán mirarse directamente a los ojos, y así la comunicación será más efectiva. Yo te invito a que hagas el siguiente ejercicio: Dile a tu pareja que se ponga de pie delante de ti, y tú ponte de rodillas frente a ella, y que ella te empiece a llamar la atención como regularmente lo hacen con sus hijos, luego cambien de lugar, y después conversen sobre la experiencia que han vivido.
Para corregir a nuestros hijos no necesitamos levantar la voz ni asumir el papel del ogro de la casa, es tratar de llegar a la mente y al corazón de nuestros hijos y el respeto juega un rol muy importante en esta dinámica. Nosotros como padres caminamos en medio de un hilo muy delgado que es la amistad y la autoridad, es aquí donde debemos de guardar un balance, porque si somos muy amigos de nuestros hijos, poco a poco, por no perder esa amistad, nos podemos volver cómplices de cosas indebidas, y si actuamos muy autoritariamente, podemos perder todo tipo de confianza de parte de ellos. Por eso, lo fundamental es que ellos sepan que nosotros como padres también asumimos nuestras responsabilidades en la casa, que realizamos la labor diaria, que no sólo es tarea de la mamá, sino de toda la familia, que podemos equivocarnos y luego de ello pedir las disculpas necesarias y seguir adelante. El respeto en todos los niveles es fundamental para construir una familia sana.

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